La Exposición

SOROLLA.TIERRA ADENTRO se compone de 68 obras: 57 pinturas al óleo sobre lienzo y 11 “notas de color” (tablillas de pequeño tamaño), todas ellas pertenecientes a la colección Museo Sorolla y la Fundación Museo Sorolla.

Es una muestra que aborda la pintura de paisaje de Sorolla, que abandona momentáneamente las playas del Mediterráneo para recorrer “tierra adentro” el campo de las diferentes regiones de nuestro país.

La exposición ha sido producida por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, y la Fundación Museo Sorolla con la colaboración de la Fundación Impulsa Castilla-La Mancha.

Se desarrollará en dos sedes consecutivamente. Empezando por Toledo se mostrará en el Museo de Santa Cruz, del 28 de diciembre de 2017 al 8 de abril de 2018; y del 18 de abril al 22 de julio de 2018 en la Casa Zavala de Cuenca.

*Distribución de la obra en el crucero alto del museo de Santa Cruz de Toledo.

Fechas, Lugares y Horarios

Toledo

Museo de Santa Cruz c/Miguel de Cervantes, 3

Del 28 de diciembre hasta el 8 de abril de 2018.

Lunes a Sábado 9:30h – 18:30h

Domingos 10:00h – 14:00h

Cerrado:

  • 31 Diciembre
  • 1 Enero
  • 6 Enero
  • 23 Enero (S.Ildefonso)

Cuenca

Casa Zavala Plaza de San Nicolás s/n

Del 18 de abril al 22 de julio de 2018.

Martes a Sábado 11:00h – 14:00h y 17:00h – 20:00h

Domingos 10:00h – 14:00h

Cerrado:

  • Todos los lunes
  • 1 Mayo

Tierra Adentro

El género del paisaje fue central en la evolución de la pintura moderna: considerado “menor” por la academia hasta el siglo XIX, fue en cambio colocado por el realismo en la vanguardia de la innovación y la experimentación.

Si algo identifica la pintura de Sorolla es su trabajo al aire libre y en plena naturaleza. Los escenarios de luz intensa de las costas de Valencia y Levante son su referente más conocido; sin embargo, tierra adentro” también realizó numerosos paisajes de enorme calidad e importancia: estos paisajes interiores sitúan a Sorolla en el contexto general de las inquietudes artísticas del realismo final y también de las corrientes intelectuales renovadoras de la Institución Libre de Enseñanza y los regeneracionistas españoles.

Sorolla estudió en la Escuela de Bellas Artes de Valencia con Gonzalo Salvá, que lo introdujo en el realismo francés, e Ignacio Pinazo Camarlench, que le dio a conocer a los “macchiaioli” italianos; y en sus viajes a París entró en contacto con las versiones realistas del “luminismo”, el impresionismo y el postimpresionismo, que él integró a su manera, dentro de la particular estética renovadora del paisaje español de su tiempo, que intentaba hallar un carácter diferencial en el nuevo arte encajando la tradición realista nacional en la modernidad internacional.

Tras la fracasada Revolución del 68 y el desastre colonial, tanto los pensadores como los artistas contemporáneos de Sorolla buscaron una imagen nueva de país, alejada de la representación historicista de las glorias pasadas, y la encontraron en el puro paisaje, tanto en las regiones de la periferia peninsular como en la meseta central y de Castilla; en ésta particularmente se descubrió una estética geológica del suelo -según término de Giner- y un espiritualismo en línea con el gusto decadentista europeo. Para ellos, Castilla -sobria, austera y trascendente-  sería la imagen más auténtica de la nación.

Inmerso en aquella cultura, y en contacto con gran parte de sus protagonistas, Sorolla dio nuevas versiones a los diversos paisajes españoles, profundizando en su nuevo sentido y significación, desde los de la Alhambra deshabitada a aquellos de los campos desolados y viejas ciudades castellanas, que descubrió en compañía de Aureliano de Beruete, magnífico pintor de paisaje e ilustre institucionista.

La exposición se divide en cuatro ámbitos:

  • Mitología regionalista y naturaleza.
  • Sorolla en verde y gris
  • La invención de Castilla como emblema  nacional
  • La “España blanca” de Joaquín Sorolla, una  versión moderna de la invención romántica

Mitología regionalista y naturaleza

Después de formarse en Valencia, donde sus maestros lo animaron a pintar del natural, y tras sus años de estudio en Italia, Sorolla se estableció en Madrid, pero nunca dejó de pasar temporadas en Valencia, donde la temática de sus obras de juventud representa el interés por lo popular que fue característico del fin de siglo. Los pinceles de Sorolla se centran en su ciudad, en el puerto de Valencia, en sus playas, sus plazas y puentes y no olvidan el campo valenciano: la huerta, las alquerías y las barracas con su peculiar arquitectura popular.

Sorolla en verde y gris

Sorolla viajó durante muchos veranos al norte de España.

En Muros (Asturias) se unió a la colonia de paisajistas que había organizado el pintor asturiano Tomás García Sampedro siguiendo el modelo de la escuela francesa pintura al pleinair de Barbizon.

Con su familia pasaría muchos veranos en San Sebastián, Zarautz y Biarritz. En el norte, la luz más gris del Cantábrico y los verdes brillantes de los prados de Asturias dieron a su producción otras tonalidades.

La invención de Castilla como emblema nacional

Sorolla recorrió Castilla en múltiples viajes y se unió a la fascinación por su paisaje que sintieron los institucionistas y la Generación del 98. Un paisaje inédito hasta entonces como tema en la pintura, pero que emocionaría a toda una generación de escritores y artistas con el descubrimiento de su carácter sublime y su poética del vacío.

Sorolla representa Castilla sin perder su natural sensibilidad para la captación de la luz y sin dejar de hacer sorollas. Pinta sus ciudades monumentales –Toledo, Ávila, Burgos- y también su naturaleza, centrándose en las nubes y sus transformaciones, y en las luces cambiantes del cielo.

En la exposición se muestran hasta una docena de obras “toledanas” y en el caso de su paso por Toledo, se ha puestó especial interés en añadir tres cuadros con “tipos” que son bocetos para la gran obra de Sorolla para la Hispanic Society de Nueva York: tipos de Lagartera, tipos de la Alcarria y tipos manchegos.

La “España blanca” de Joaquín Sorolla, una versión moderna de la invención romántica

Durante un rápido viaje en 1902 llega Sorolla por primera vez a Andalucía, a la que habría de volver muchas veces en los años sucesivos.

Alejándose del tópico todo lo posible, Sorolla busca la autenticidad de aquellas tierras.

Granada le impacta profundamente: a sus barrios, a su Sierra Nevada y a la Alhambra dedicó hasta 47 paisajes en tres viajes en 1909, 1910 y 1917, siempre a finales del otoño o en pleno invierno, siempre solitarias, melancólicas, con la hondura de una visión enteramente personal.

En Sevilla pinta sus jardines, pero  también los paisajes insólitos de sus zonas secas donde sólo prosperan las chumberas; en Jerez, los inmensos viñedos que le ofrecen un puro espectáculo de color.

Inauguración en Toledo-Galería

La Exposición en la prensa